¿Los animales pueden sentir la música? Esto dice la ciencia sobre la zoomusicología.

El impacto de las melodías en el reino animal es un tema que fascina a científicos y amantes de las mascotas por igual. Aunque tendemos a humanizar a nuestros compañeros de hogar, la realidad es que los animales pueden sentir la música, pero lo hacen de una manera completamente diferente a nosotros. A través de la zoomusicología, la disciplina que estudia la relación entre la música y las especies no humanas, se ha demostrado que los sonidos adecuados generan cambios físicos y emocionales medibles en ellos.

Para que la música para animales sea efectiva, no basta con reproducir nuestras canciones favoritas de la radio; de hecho, la música humana tradicional suele ser simple ruido para la mayoría de las especies. La clave del éxito radica en la música específica de la especie, que consiste en composiciones creadas a partir de frecuencias, tonos y ritmos que imitan sus propios sonidos naturales, tales como los maullidos en los felinos o los latidos del corazón en los cachorros.


Los beneficios del estímulo sonoro varían según la especie y el objetivo que se busque. Por ejemplo, se ha comprobado que la música clásica funciona como un excelente relajante para perros, reduciendo significativamente los ladridos y los niveles de estrés en entornos hostiles como los refugios. Por otro lado, en el sector ganadero, las vacas expuestas a ritmos calmados y melodías específicas aumentan notablemente su producción de leche gracias a la relajación muscular que experimentan.

Sorprendentemente, el sentido del ritmo no es exclusivo de los seres humanos, ya que ciertas especies poseen la capacidad neurológica de sincronizar sus movimientos con el compás de una melodía. Aves como las cacatúas y los loros, así como algunos mamíferos marinos como los leones marinos, son capaces de “bailar” al seguir patrones rítmicos complejos. Esto demuestra que la percepción musical tiene raíces evolutivas profundas que compartimos con otras criaturas del planeta.



Sin embargo, no todas las frecuencias son amigables para el oído animal, por lo que es vital evitar los ritmos rápidos, estridentes o con excesivo volumen, como el rock pesado. Estos sonidos agresivos alteran drásticamente el sistema nervioso de los animales, provocándoles taquicardia, ansiedad y desorientación debido a su alta sensibilidad auditiva. Si deseas mejorar el bienestar de tu mascota, la clave está en elegir composiciones ambientales suaves que promuevan la calma.


